viernes, 15 de marzo de 2013

FOTOGRAFO PRESIDENCIAL El ojo de la democracia



Victor Hugo Bugge retrató a los hombres que hicieron la Argentina. De las cubetas al chip, tres generaciones que hablan por sus fotos.
por 
José Luis Gallego

Por su lente pasaron todos los encargados de gobernar la Argentina de los últimos treinta años. Hijo y padre de fotógrafos, integra una familia nacida para la cámara. A medida que comienza el reportaje, Víctor Hugo Bugge va delineando una foto en la pared de nuestra charla. 1962, la cocina está teñida de rojo, él es un niño de seis años paralizado en un ensueño, atrapado observando a su papá manejar la ampliadora. El papel emulsionado bucea luego en el ácido y los tonos mágicamente van dibujando a un futbolista con los pantalones más arriba que el ombligo. 

“Caminaba entre cubetas y ampliadoras. Mi papá fue uno de los fotógrafos que entre los 50 y 80 más fotos de fútbol sacó. Tenía un laboratorio en casa. Copiaba, enmarcaba y se las vendía a los jugadores. El viejo “chivo”, modismo de la época del palo del periodismo. Mi viejo laburaba para su diario y además, en la semana enmarcaba los retratos y se los llevaba a los jugadores. Terminaba la cena y la cocina se transformaba en un laboratorio, copiaba 50 x 60 cm, coloreaba con un pincelito, mi viejo, un maestro”. 

Miguel Bugge, maestro fotógrafo que conoció el San Martín histórico de calles de tierra, gallineros y potreros, cuando San Andrés era sencillamente el barrio del golf. Un padre pionero, que con el arte hecho oficio, inspiró al fotógrafo cronista de la democracia argentina.


Víctor Hugo Bugge estudió en el colegio José Hernández. Su primera pasión, antes que la caja oscura, fue el fútbol y por supuesto, Chacarita. “El Pelado” le decían y llegó a jugar en las inferiores de River.

-¿Es posible elegir una sola foto?
-Se me van a poner nerviosas las otras (risas). Lo mío es un relato que lleva treinta años, no es común que alguien tenga registrado treinta años de un solo tema, entonces elegir una sola foto se me hace imposible, va contra mi formato. Ahora estoy tratando de manejar una edición y no bajan de cien y, consultando con los compañeros, igual, menos de 100 fotos no logro editar. Son fotos contundentes si las ves no te va a faltar nada.

- Ya pasó un cuarto de siglo desde que volvimos a la democracia ¿Cómo recuerda ese día histórico?

-Veníamos del Proceso, de Malvinas... En lo profesional lo viví con alegría porque la Asociación de Reporteros Gráficos me eligió para cubrir para todos los medios la transmisión del mando, fui reconocido por mis colegas, además de vivir emocionado por el momento histórico. Ser responsable del traspaso del mando, fotográficamente hablando, ¿no? 

-¿Cuál es la diferencia entre fotografiar a un militar y a un civil?

-La diferencia es abismal. El único contacto real que hubo entre los presidentes de facto con la sociedad fue Malvinas, en la primera y la segunda marcha. Es más, la última marcha que hubo para preguntar qué pasó fue reprimida. La diferencia existe. En definitiva Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde, Kirchner, Cristina, están en contacto directo con la gente. Esa es la gran diferencia, mas allá que haya gente que no esté de acuerdo con ellos. Pero el contacto con la sociedad es una realidad en la democracia.

-¿Notaba en los retratos de facto, que se estaba terminando el gobierno militar?

-No sé si lo noté en las caras. Debido a los años acá adentro lo percibí más en el ambiente, en el microclima. El microclima a veces me da la posibilidad de percibir. En esa época los cambios eran, Viola por Galtieri. Estaba anunciado pero no le pusieron fecha y hora. En un momento determinado amanecimos con que Viola no estaba más. No había posibilidad de percibirlo en las caras en esa época.

-¿Qué momentos le quedaron grabados en el alma?
- En un momento determinado hubo un militar que se sintió civil, “el general de la Nación”. Fue Galtieri cuando vio la Plaza de Mayo llena de gente. Yo tuve esa sensación... él abrió los brazos como Perón ¿Galtieri en el balcón de Perón?, donde uno decía ¿qué esta pasando? Otro momento emocionante fue con Alfonsín en el Cabildo el día que asumió. Con la cámara fui el testigo absoluto de la situación. Bignone entregándole la banda a Alfonsín y, de ahí para acá, con todos los cambios, por suerte democráticos.


-¿Cuáles fueron las fotos más duras?
-La primera vez que fotografié a un presidente llorando, Menem frente a la tumba de Carlitos. De la Rúa yéndose en el helicóptero, cosa que nadie tenía prevista. Toda la seguidilla de presidentes que vinieron. No te olvides que tuvimos cinco presidentes en una semana.

-¿Qué cambió de su trabajo con la llegada de Néstor Kirchner?

-Su estilo “ruptura de protocolo”, me obligó a estar re atento, porque el hombre salía para cualquier lado. No tenía problema en colgarse del estribo de un tren o, tirarse en los escritorios, hasta abrazarse con las madres. Todas esas situaciones fueron novedosas y ahora Cristina, dentro de dos o tres años te cuento. 

-¿Le toca guardar secretos?
-Con la cámara lo que tengo es lo que muestro. Quizás no hace falta mostrar la intimidad porque la intimidad no se puede mostrar, no se puede fotografiar, no es el objetivo ser un rompe espacios. Cuando yo obtengo la foto retrocedo y me voy.

-¿Cristina, por una cuestión de género, rompe con su estructura fotográfica? 

-Y es un desafió absoluto que uno tiene. Imaginate que venís de fotografiar hombres y te encontrás con una mujer que se sentó en el sillón de Rivadavia, la primera. ¡Qué desafío!, una nueva etapa de mi historia como fotógrafo. Una cosa es fotografiar a un hombre y otra, a una mujer. 

-Estos años marcaron un cambio tecnológico sin precedentes. -Totalmente. Yo antes en un viaje tenía que armar el laboratorio en el baño, la ampliadora en el inodoro, el bidet de cubeta. Revelaba en un ropero de la pieza, tenía que hacer la copia, trasmitir la foto en tres tonos: blanco gris y negro, por “la manisera”, una máquina de transmisión de tonos. Eso llevaba tres horas y, ahora, llevas una tarjeta, la pones en la compu y la tenés en un minuto y medio.

-¿Como se adapta a eso cambios?

-Muy bien, tengo el privilegio de ser el primer tipo que usó una digital acá a nivel profesional. Sé que el negativo y el laboratorio hablaban de una magia distinta. Que en la oscuridad aparezca la imagen en una cubeta, es la artesanía contra la tecnología. Una de las cosas que en definitiva yo no pongo en duda es que lo analógico le gana a lo digital en lo que respecta a la durabilidad. Negativos de 70 años están como el primer día y más de una vez querés abrir un archivo y no esta porque lo agarró un bichito, hay un tema ahí. En lo que respecta a la vida de la imagen.

La familia Bugge ha construído en el tiempo una sabiduría que excede al conocimiento que se puede adquirir leyendo libros o haciendo cursos. Es la genética misma la que ordena fotográficamente las imágenes. Una dinastía creativa que continúa en su descendencia.
”Mi hijo viene bien, tiene una mirada mas tranquila, es un tipo de mucha tranquilidad, lo veo que va andar bien espero que le guste la fotografía política. A mi me gustaría que siga con este camino de la fotografía oficial, que siga siendo oficial y no oficialista”.

El trabajo de Víctor Hugo Bugge constituye un aporte de sumo valor para que la memoria de nuestro pueblo se mantenga despierta y viva. Como él mismo expresa: -“Cuando realicen un juramento acuérdense de que es ella, la cámara, la que los estará mirando”.

http://24con.infonews.com/conurbano/nota/9967-El-ojo-de-la-democracia

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